OFRENDA / Escultura
Una huella es la evidencia de una ausencia.
En arqueología, lo que permanece rara vez es el cuerpo completo de aquello que existió. Queda una marca, una excavación, un fragmento, una alteración en la tierra. El vacío se convierte en evidencia.
En arquitectura sucede algo semejante. El espacio no solamente se construye con materia; también se define por aquello que se sustrae. El vacío, el intervalo y el espacio negativo son formas de presencia. Una habitación existe tanto por sus límites como por el espacio que contienen.
En la psique, la ausencia opera de otra manera. Aquello que ya no está puede continuar ocupando un lugar. Una persona, un recuerdo, un cuerpo o un acontecimiento dejan una forma invisible que organiza nuestra percepción del presente.
Ofrenda parte de esa tensión entre presencia y ausencia.


La figura del Chac Mool aparece como un vestigio desplazado: no como una reproducción arqueológica, sino como una memoria de la forma. La escultura se sitúa entre objeto, cuerpo, arquitectura y vestigio.
Su superficie funciona como una huella. Tierra, pigmento, madera y materia construyen una piel que parece conservar algo que ha sucedido antes. No representa una ausencia: la hace visible.
La pieza puede entenderse como una arquitectura mínima de la memoria. Un cuerpo que contiene un vacío. Un objeto que señala aquello que ya no puede ser tocado.
Ofrenda no habla solamente de lo que permanece.
Habla de aquello que permanece porque ha desaparecido.
OFRENDA

De un vientre vengo, Ofrenda de vida.
Ombligo mío, se una al tuyo mi Luna.

Él acercó sus manos a donde todo palpita.
Vivos y Muertos comparten la mesa…
Nunca jamás solos, mis manos, las tuyas.

Que Ofrenden a un Dios, sin importarnos el nombre.

Mi mesa no tiene cuatro, Ni tres ni dos patas.
Debe tener sólo una; cuadrada y sólo una.

Naciendo del vientre. Giraste tu Cabeza torcida
Descansa, comparte. Él Siempre nos mira.

En tu vientre vierto. Mi ofrenda de Vida.

por Rigoberto Orozco.

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